10. ALGUNOS RECURSOS DE LOS TEXTOS ARGUMENTATIVOS

4 03 2008

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Si reducimos la finalidad de estos textos a probar  y a persuadir, el autor debe contar con unos mecanismos o técnicas que aseguren el rigor, la credibilidad y, por tanto, el efecto persuasivo que se pretende conseguir. En este sentido destacan dos clases de técnicas:

 

LÓGICAS

Método inductivo: se pretende llegar a una idea final a partir de una o varias anteriores.

Método deductivo: una idea inicial es demostrada o corroborada con datos o ideas posteriores relacionadas con ella.

 

ANALÓGICAS

Basadas en el parecido o relación de las ideas del texto con otras, que se suelen clasificar como argumentos:

De autoridad: el autor del texto se basa en la coincidencia con otros autores de gran prestigio y valía, es el argumento más aceptado, puesto que la autoridad citada ya ha pasado por una observación crítica que la confirma como válida o aceptable.

De semejanza: se intenta demostrar algo con otra idea parecida que no necesita demostración, o bien mediante un ejemplo. Bastante usual, pero arriesgado.

De singularidad: una idea se presenta como demostrable porque es novedosa o muy diferenciada del resto. Se puede caer fácilmente en la subjetividad.

Por generalización: un hecho aislado se pretende convertir en representativo de una multitud de hechos que conforman una situación general. Puede darse lugar a falsas generalizaciones, fácilmente refutables.

De universalidad: se defiende una postura aceptada por una mayoría, se trata de una postura poco crítica y poco analítica.

De experiencia personal: son ideas propias sin contrastar o ajenas aceptadas sin ser cuestionadas. Muy subjetivo y por tanto con poco rigor.

 





9. TEXTOS EXPOSITIVOS Y ARGUMENTATIVOS

4 03 2008

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Debemos diferenciar entre la argumentación y la exposición a la hora de proponer una definición de este tipo de textos, sin perder de vista, no obstante, que estos dos procesos comunicativos se manifiestan ensamblados y organizados en estos textos, porque la finalidad comunicativa de ellos los hace complementarios e interdependientes. En el caso de la argumentación nos encontramos con que el autor del texto propone, mantiene y defiende un principio o idea procedente del razonamiento propio o del ajeno. Se llega a esa idea a través de unos pasos o procesos mentales y son precisamente éstos los que van a constituir los elementos o argumentos que la sostienen y defienden en el texto: el autor observa un asunto, analiza y sopesa los hechos que concurren en el mismo, sean esencia, circunstancias, causas, efectos, y adopta una valoración de conjunto que produce una opinión acerca del asunto sometido a estudio. A partir de este punto interviene la exposición: se reordenan la idea o ideas principales que vertebran al conjunto y se disponen las ideas secundarias encaminadas a explicar la validez de la opinión formada.

Teniendo en cuenta todo esto, podríamos definir los textos argumentativo-expositivos como aquellos que dan a conocer una idea o tesis, producto del descubrimiento o de la opinión razonada, y que aportan cualesquiera otras ideas relacionadas con ella, encaminadas a demostrarla y a que sea admitida como válida por parte de los receptores.

FINALIDAD

De ahí que digamos que, atendiendo al propósito de la comunicación, aparecen tres finalidades: la informativa, la argumentativa y la persuasiva. Se pretende dar a conocer una información, demostrarla y convencer de su veracidad, verosimilitud o realidad.

ESTRUCTURA

Evidentemente, si compaginamos esas tres finalidades comunicativas, el texto requiere una estructura muy bien elaborada. Y aunque son posibles muchos tipos de estructura en estos textos, la más común y quizá la más efectiva, llamada tripartita o de doble encuadre, consiste en:

a) plantear la tesis desde el principio del texto de una forma breve;

b) desarrollar la argumentación aportando datos, causas, efectos, ejemplos, símiles, etc.;

c) reafirmar finalmente la tesis, o exponer una idea derivada de ella que adquiere valor dentro del marco de lo expuesto y argumentado en las dos partes anteriores.





8. FICHA DE ANÁLISIS DEL ADVERBIO

22 02 2008

ANÁLISIS FORMAL:

Formalmente, los adverbios son siempre invariables y se pueden distinguir dos clases: los simples, como “lejos”, “ahora”, “bien”, etc. y los derivados, que son los que obtenemos añadiéndole el sufijo “-mente” a un adjetivo calificativo, como “nuevamente”, “tranquilamente”, etc.

También podemos comentar el grado de los adverbios, sea positivo, comparativo, superlativo relativo o superlativo absoluto, pero teniendo cuidado con que en ocasiones el grado se expresa mediante locuciones o mediante morfemas.

 

ANÁLISIS SEMÁNTICO:

En este aspecto señalaremos si el adverbio es de modo, tiempo, lugar, cantidad, afirmación, negación, duda.

ANÁLISIS FUNCIONAL:

Anotaremos la función sintáctica que desempeña el adverbio en el sintagma donde aparece: modificador o complemento de otro adverbio, de un adjetivo o de un sustantivo (cuantificadores); complemento circunstancial (de la misma clase que la de su significado) o núcleo de un complemento circunstancial.

 

EJEMPLOS:

En el texto:” No se encuentra bien aunque sabe perfectamente cómo recuperarse.”

Bien”: palabra simple, invariable. Es un adverbio de modo, que funciona como complemento circunstancial de modo del verbo “encuentra”.

Perfectamente”: es una palabra invariable, derivada del adjetivo “perfecta”. También es un adverbio de modo, que funciona como complemento circunstancial del verbo “sabe”.

ENLACES:

Para consultar dudas específicas de algún término, se recomienda ver EL ADVERBIO EN LA WIKIPEDIA

Para descargar esta ficha en formato PDF, pulsa aquí: FICHA DEL ADVERBIO





7. FICHA DE ANÁLISIS DEL ADJETIVO CALIFICATIVO

21 02 2008

ANÁLISIS FORMAL:

Descomponemos la palabra en lexema y morfemas. Como con los sustantivos, contrastamos la palabra analizada con otras de su misma familia léxica, para detectar el lexema.

Entonces veremos si es una palabra primitiva, derivada, compuesta, parasintética, unas siglas o una palabra apocopada.

Comentaremos, además, los casos de irregularidades en el lexema o casos dignos de atención en los morfemas.

Si es variable o invariable en género y en número, aclarando si se trata de un adjetivo de una o de dos terminaciones.

Haremos constar su grado, positivo, comparativo, superlativo relativo o superlativo absoluto, teniendo cuidado con que en ocasiones el grado se expresa mediante locuciones o mediante morfemas.

 

ANÁLISIS SEMÁNTICO:

A continuación, nos toca decir si el adjetivo presenta un valor especificativo o un valor explicativo. Para ello hay que tener en cuenta la posición del adjetivo con respecto a la palabra que califica si esta es un sustantivo. (x-s)

En caso de que funcione como adyacente de otro adjetivo, sabemos que su valor será especificativo, porque siempre será núcleo del sintagma el primero de los adjetivos.

Si funciona como atributo, vemos que el significado del adjetivo expresa una cualidad del sujeto, pero si funciona como predicativo debemos tener cuidado, porque su significado se puede orientar a completar bien el del sujeto, bien el del complemento directo.

También debemos tener en cuenta que algunos adjetivos expresan cualidades aparentemente redundantes y que su valor es estético o enfático, como es el caso de los epítetos, como “oscura noche”, “desastre trágico”.

ANÁLISIS FUNCIONAL:

Anotaremos la función sintáctica que desempeña el adjetivo en el sintagma donde aparece: adyacente de un sustantivo, adyacente de otro adjetivo, atributo, predicativo del sujeto o predicativo del complemento directo o núcleo de alguno de estos dos últimos.

 

EJEMPLOS:

En el texto: “La tarde se presentaba aburridísima y habría largas colas para conseguir las entradas”, vemos los adjetivos “aburridísima” y “largas”.

“Aburridísima”: adjetivo calificativo femenino singular, variable en género y número, es decir, de dos terminaciones. Es una palabra derivada y su grado es superlativo absoluto. Su significado complementa el significado de la palabra tarde, porque desde el punto de vista sintáctico, funciona como complemento predicativo del sujeto “La tarde”.

“Largas”: adjetivo calificativo femenino plural, variable en género y número, porque es de dos terminaciones. Es una palabra simple y su grado es positivo. Su significado tiene valor explicativo del sustantivo “colas”, y no distingue unas colas de otras, sino que las describe. En la oración funciona como adyacente del sustantivo al que califica, “colas”, dentro del complemento directo “largas colas”.

ENLACES:

Para consultar dudas específicas de algún término, se recomienda ver EL ADJETIVO EN LA WIKIPEDIA

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6. FICHA DE ANÁLISIS DEL SUSTANTIVO

20 02 2008

ANÁLISIS FORMAL:

En primer lugar debemos descomponer el sustantivo en lexema y morfemas. Si contrastamos la palabra analizada con otras de su misma familia léxica (comparten el lexema) lo lograremos con relativa facilidad.

Podremos decir entonces de un sustantivo si es una palabra primitiva, derivada, compuesta, parasintética, unas siglas o una palabra apocopada.

Comentaremos, además, los casos de irregularidades en el lexema o casos dignos de atención en los morfemas.

Si es variable o invariable en género y en número.

ANÁLISIS SEMÁNTICO:

Simplemente elaboraremos una lista con la clasificación tradicional de pares, teniendo en cuenta que en el contexto podría haber interpretaciones diferentes a las genéricas que podríamos obtener de palabras aisladas.

En caso de darse alguna característica digna de mención la comentaríamos, como alguna excepción o variación por el contexto.

Elegiríamos uno de cada uno de los opuestos siguientes:

común

propio*

antropónimo*

topónimo*

concreto

abstracto

contable

incontable

individual

colectivo

animado

inanimado

Así, un nombre como “agua”, en el texto “El agua del mar está fresca en verano”, diremos: común, concreto, individual, incontable, inanimado.

ANÁLISIS FUNCIONAL:

Bastará con que anotemos la función sintáctica que desempeña el sustantivo en el sintagma donde aparece: núcleo del sujeto, núcleo del complemento directo, etc.

EJEMPLO:

Mar: sustantivo simple, variable sólo en número. Es masculino singular; aunque en su forma sólo vemos un lexema y no tenga morfemas, es el artículo el que sirve de marca de género y número. Desde el punto de vista del significado, presenta los siguientes rasgos: común, concreto, individual, contable e inanimado. Su función sintáctica es la de núcleo de “del mar”, complemento del nombre dentro del sujeto “El agua del mar”.

Enlaces:

EL SUSTANTIVO EN LA WIKIPEDIA

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5. EL SIGNO LINGÜÍSTICO

15 10 2007

El signo lingüístico está constituido, como otros signos, por dos planos, relacionados de manera indisoluble, como ya hemos visto, llamados significante y significado. El significante es una secuencia fónica que asociamos para siempre con una imagen mental, que se corresponde con un conjunto de rasgos de significado. De esa forma un significante actúa como estímulo que provoca como respuesta la compresión a partir del significado: se trata de una forma simple de codificación y descodificación.

SUS CARACTERÍSTICAS:

El signo lingüístico está constituido por dos planos, el significante y el significado, los cuales, como ya hemos dicho, están asociados de manera inseparable en nuestra mente, de tal manera que uno evoca al otro y viceversa.

La relación entre los dos planos es en la mayoría de los casos arbitraria, porque no existe relación ninguna entre ellos, de ahí que podamos afirmar su carácter simbólico. Eso sí, recordemos que las onomatopeyas son excepciones, porque como sus significantes y sus significados se relacionan por parecido, son más iconos que símbolos.

Estos signos se presentan en una sucesión en el tiempo, por lo cual se afirma que poseen un carácter lineal. Esta evidencia nos recuerda la imposibilidad de producirlos de manera simultánea y cualquier enunciado o mensaje nos sirve de ejemplo: no somos capaces de emitir más de un mensaje a la vez, ni tampoco de interpretarlos.

Se dice que los signos poseen una doble articulación, que podemos descomponerlos en dos tipos de unidades:

FONEMAS: unidades mínimas de distinción, de carácter fónico, que nos ayudan a construir significantes diferentes, lo que nos permite una gran variedad y riqueza de enunciados. Combinando unas pocas vocales y consonantes tenemos posibilidades inmensas de crear palabras, frases, oraciones… Cada fonema está compuesto por rasgos fónicos que ayudan a crear signos diferentes, se trata sin embargo de unidades carentes de significado. Los fonemas por sí mismos no significan nada.

MONEMAS: unidades mínimas de significación. A partir de los distintos componentes del significado podemos separar claramente aquellos que se refieren a la realidad extralingüística de los otros que se refieren a rasgos lingüísticos. Los primeros son los lexemas, compartidos por las palabras de cada familia léxica, que nos remiten a lo externo a la lengua; y los morfemas, cuyo significado viene dado por la estructura gramatical de cada idioma: indican género, número, tiempo, persona, etc.

En los siguientes ejemplos podemos notar que el lexema perr nos remite al animal que designa, mientras que el resto de monemas, los morfemas, nos remiten a significados que se estructuran desde nuestro idioma, género, número, diminutivo, etc. y no tienen por qué coincidir con la forma en que se organizan, por ejemplo, en la lengua inglesa.

perr-o perr-ería perr-illas





4. LOS SIGNOS

15 10 2007

Los signos son realidades que representan a otras. De manera artificial o de manera natural, algunos estímulos aprendidos por nuestra propia experiencia o por la experiencia ajena, suscitan en nuestra mente una respuesta asociada en nuestra memoria, de manera que los signos los percibimos como algo en lugar de otro: se produce siempre una representación.

Todos tienen un significante o señal y un significado, unidos de forma inseparable en nuestra mente. A medida que vamos conociendo la existencia y el uso de las unidades de cualquier sistema comunicativo, se producen asociaciones indisolubles entre los significantes y sus correspondientes significados.

Según la relación establecida entre señal y significado, se distinguen tres tipos de signos:

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Indicios: existe una relación de causa-efecto entre el significante y el significado (1). Son de carácter natural y en la mayoría de los casos el hecho comunicativo no es intencional.

Iconos: se produce una relación de parecido o similitud entre el significante y el significado (2). En este caso hablamos de signos artificiales o creados por personas y en ellos se produce una intencionalidad muy marcada, porque, dada la facilidad de su aprendizaje o interpretación, se aprovechan para producir mensajes de aviso, riesgo, alarma, propaganda, etc.

Símbolos: NO hay ninguna relación entre significante y significado (3). Son artificiales e intencionales, pero por lo antes dicho, requieren de un aprendizaje en muchos casos exhaustivo, por la complejidad de sistemas que conforman y por la variación que producen los factores subjetivos, culturales, históricos, idiomáticos, etc.





3.COMUNICACIÓN VERBAL Y NO VERBAL

15 10 2007

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En el acto comunicativo intervienen signos lingüísticos y signos no lingüísticos. El uso de cualquier idioma produce una comunicación verbal, pero se complementa y enriquece con gestos, expresiones del rostro, así como con colores, imágenes, olores, etc.

Estos últimos elementos enumerados se enmarcan dentro de la comunicación no verbal. Así que en gran parte de los momentos comunicativos se producen a la vez la comunicación verbal y la no verbal.

No obstante, hay muchas situaciones comunicativas exclusivamente no verbales, porque en ellas no interviene la lengua: sería el caso del toque de campanas, las sirenas de emergencias, etc.

Además, debe tenerse en cuenta que en casos como el del lenguaje de signos gestuales de los sordomudos o la escritura Braille o el Morse interviene la lengua, aunque por un canal distinto al de uso mayoritario. Por ello son hechos de comunicación verbal.





2. LAS FUNCIONES DEL LENGUAJE

19 09 2007

 

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Si nos preguntamos para qué sirve el lenguaje, de lo anteriormente dicho se obtiene una respuesta que va más allá de lo evidente: el lenguaje sirve para comunicarnos, para referirnos a lo que sea o pueda ser. Por ello, a la función principal del lenguaje se le llama comunicativa o referencial, función que está presente en todos los procesos en que se produzca la comunicación humana lingüística. Pero hemos dicho principal y no exclusiva o única. Sucede muy comúnmente que el mensaje no se refiere o no toma como referente a objetos externos del fenómeno comunicativo, sino que, por el contrario, se orienta hacia el emisor, el receptor, el canal, el código o al mensaje mismo.

Si el mensaje se usa para comunicar algo acerca del emisor, tendrá el lenguaje una función emotiva, como por ejemplo ocurre en la poesía lírica intimista. Cuando lo empleamos para referirnos al receptor, tendremos una función apelativa, muy usada para captar su atención, sobre todo en la oratoria, discursos políticos, publicidad, etc. Puede ocurrir que el emisor piense o tema que el canal esté fallando y, por tanto, la comunicación entonces se refiere a éste, utilizando el lenguaje en su función fática, preguntando o comentando algo al receptor acerca del medio que la sostiene físicamente. Supongamos ahora que el mensaje se utiliza para decir algo que informe, oriente, corrija o explique acerca del código, manteniendo la seguridad de que no se altera el mensaje hasta el punto de salirse de los márgenes de la propia lengua; en este caso hacemos uso de la función metalingüística, mediante la cual el emisor toma como referente la lengua o código que tiene en común con el receptor. Nuestro mejor ejemplo no puede ser otro que una clase de lengua.

Por último, cabe la posibilidad de que el mensaje sea tan especial y elaborado que llame la atención sobre sí mismo, que explote todos sus recursos para que no sólo nos fijemos en qué se dice sino en cómo se dice. Se pretende producir un efecto subjetivo, una emoción estética, a través de las formas de la lengua que podemos usar intensificándolas o transformándolas: podemos aprovechar el parecido entre los significantes de las palabras, la relación entre los significados, alterar la combinación, etc., lo que dará lugar a los diferentes recursos estilísticos, como la aliteración, la anáfora, la metáfora, la metonimia, al hipérbaton, etc. Se trata de la función poética o estética del lenguaje, pero no de una función exclusiva del lenguaje literario. Piénsese en el lenguaje publicitario, en los discursos jurídicos y políticos y, por supuesto, en el habla común: cuando ironizamos, hacemos chistes, hablamos con doble sentido, inventamos motes o nombretes, estamos haciendo uso de esta función poética del lenguaje, aunque no estemos creando poemas.





1. LA COMUNICACIÓN

14 09 2007

Los seres humanos poseemos una facultad que nos distingue del resto de los animales y que nos capacita para crear sistemas complejos de comunicación, así como para enseñárselos a nuestros congéneres o aprenderlos de ellos. Se trata del lenguaje, nuestro instrumento más valioso y el que más usamos durante nuestra vida.

A lo largo de la evolución de nuestra especie, nos fuimos agrupando en sociedades cada vez más complejas, lo que produjo una necesidad de comunicarnos que crecía con el desarrollo de los grupos humanos, el desarrollo de su facultad de construir lenguas y, en fin, el de su inteligencia. De ahí que el lenguaje y las lenguas sean fenómenos sociales, aparecidos como instrumento para responder a las necesidades de comunicación de los grupos humanos.

 

La comunicación

 

La comunicación es un proceso mediante el cual intercambiamos datos, por ello se hacen necesarios, imprescindibles, unos elementos mínimos que intervengan directa o indirectamente para que ese proceso se produzca.

Antes de seguir adelante conviene aclarar que comunicación no es un sinónimo de información: en el proceso comunicativo nos encontramos con mensajes que poseen información, mensajes que resultan redundantes y posibles ruidos que lo dificultan o desvían. Habrá información en un mensaje que ofrezca novedad o presente datos desconocidos, redundancia en datos ya conocidos (pero no menos importantes) y ruido en cualquier factor externo -con independencia de que sea un sonido, una imagen visual, etc.-, que se superponga al mensaje transmitido o comunicado.

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En el proceso del que estamos hablando un sujeto (al menos) codifica un mensaje que transmite a otro o a varios, quien o quienes se encargan de descodificarlo: tenemos entonces un emisor, un mensaje o texto y un receptor que comparten y usan un mismo código. Pero se hacen ineludibles otros dos elementos tanto o más primordiales: un medio que sirva de soporte físico al mensaje, al que llamaremos canal, y una realidad externa o interna, real o posible, que sea el objeto representado por el mensaje, ese algo a lo que se refiere el emisor, el referente o contexto. Si nos fijamos en la palabra representado debemos percatarnos de que la comunicación es, finalmente, un fenómeno de representación de una realidad, una sustitución de un objeto por otro que lo traslada de la mente del emisor a la del receptor, tanto si ese objeto está presente como si no.

Como ejercicio que ayude a la comprensión de estos elementos intentemos imaginar una comunicación sin emisor, sin receptor, sin mensaje, usando códigos y canales diferentes y objetos desconocidos para cualquiera de los dos sujetos.